La Casa de la Playa Xcaret es, probablemente, el mejor hotel de toda la Riviera Maya. Nuestra opinión coincide con la de cientos de usuarios, Escondido entre la selva espesa y el azul eléctrico del Caribe, este rincón no solo rompe el molde del lujo en México, lo pulveriza. El hotel está diseñado para que sus visitantes vivan una experiencia única, íntima y profundamente conectada con las raíces del Caribe mexicano.
Este hotel tiene un concepto muy diferente del típico all-inclusive con pulseritas y buffets eternos. Desde el momento en que entras, te recibe un ambiente que mezcla lo sofisticado con lo cálido, lo personal con lo impecablemente bien hecho. Como si alguien hubiera tomado lo mejor de una casa frente al mar y lo hubiera llevado al nivel de un hotel boutique de primerísimo nivel.
Diseño, arquitectura y un spa de otro planeta
La sensación al entrar es poderosa. La arquitectura no está ahí para impresionar, sino para hacerte sentir. Es como si el edificio respirara, con materiales que cuentan historias y formas que se funden con la vegetación. Todo habla: los muros, los techos, las texturas. Aquí no hay nada puesto al azar.
Los espacios no invaden la naturaleza, la abrazan. Todo fluye. Caminas por pasillos abiertos, entre sombras y brisas, y cada rincón parece tener su propia alma. Es imposible no quedarse mirando.
El diseño: equilibrio entre lo natural y lo sofisticado
La Casa de la Playa ha sido diseñada para integrarse con su entorno, utilizando materiales locales. Nada de mármol frío ni dorados innecesarios. La estructura está hecha con piedra y madera, utilizando blancos y colores terrosos. No hay gritos visuales, solo susurros elegantes. Todo fue planeado para que el mar sea siempre el actor principal.
El interior lleva el concepto de hogar a otro nivel. Cada suite tiene su propio carácter: algunas más sobrias, otras más festivas, pero todas profundamente mexicanas. Ves textiles oaxaqueños colgando, esculturas que parecen salidas de un taller en Puebla, y murales llenos de simbolismo huichol que te atrapan.
Todo aquí te invita a no tener prisa. A caminar descalzo, a echarte en la hamaca, a ver cómo el sol cae sobre el mar. Es una mezcla rara y exquisita entre diseño moderno y espíritu ancestral que simplemente te envuelve.
La alberca infinita: 40 metros de horizonte

La Casa de la Playa tiene la mejor alberca en la que me he podido bañar en la vida. Tiene una longitud de 40 metros que flota sobre el mar Caribe y parece que se interna en el horizonte. Es imposible no quedarse pasmado, mirando ese azul que se extiende más allá de la vista.
La alberca está rodeada de camastros discretos y pérgolas hechas con ramas y tejidos naturales, creando una atmósfera de tranquilidad y relax. Aquí no hay música estruendosa ni concursos de piscina. Hay silencio, solamente interrumpido por los sonidos del mar.
Las habitaciones: lujo con alma mexicana
Llamarlas simplemente “suites de lujo” se queda corto. Las habitaciones de La Casa de la Playa son refugios íntimos frente al Caribe, pensados hasta el último detalle para envolverte en una experiencia sensorial que va más allá del confort. Desde los muebles hasta la luz que baña los espacios, todo está diseñado para invitarte a soltar el estrés diario y disfrutar de tu estancia.
Hay cuatro tipos de suites, pero todas tienen tres cosas en común: una panorámica abierta al mar, su propia piscina privada y una atmósfera que mezcla lo moderno con lo más bello del arte y la tradición mexicana.
Diseño interior:

Las habitaciones son espaciosas, abiertas y bañadas de luz natura. Los ventanales de piso a techo dejan que el Caribe se cuele sin pedir permiso, iluminando los tonos cálidos de los materiales: piedra maya, maderas oscuras, textiles bordados a mano y cerámica tradicional.
El estilo es limpio, sin exageraciones. Cada objeto tiene una historia y una razón de estar ahí: un tapiz de Chiapas que le d