El Tren Maya es, probablemente, el proyecto de infraestructura más ambicioso y polémico que México haya visto en décadas. Un ferrocarril de 1554 kilómetros que atraviesa cinco estados del sureste (Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo) y conecta destinos que antes obligaban a viajar por carretera durante horas. Resulta muy cómodo para viajar por la región, pero el proyecto levanta preguntas que todavía no tienen una respuesta muy clara.
En este post te cuento cómo funciona el tren, cuál es su ruta, qué lugares puedes visitar desde cada estación, cómo comprar los boletos y cómo entender eso del sistema de liberación de tickets. También analizamos las luces y las sombras de un proyecto que no es ni el paraíso que prometió el gobierno ni el desastre absoluto que vaticinan sus críticos más radicales.
Qué es el tren maya y cómo surgió
El Tren Maya nació como el proyecto estrella del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La idea era conectar el sureste de México mediante un ferrocarril moderno que impulsara el turismo, generara empleos locales y mejorase la movilidad de los habitantes de la región. Las obras arrancaron formalmente en 2020 y, tras varios retrasos y polémicas, el circuito completo quedó operativo el 15 de diciembre de 2024.
El tren está administrado por FONATUR, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo, aunque la operación está bajo la supervisión de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), algo que genera bastante polémica. Los ingresos de los boletos van a un fideicomiso administrado por el Ejército, algo que resulta bastante extraño para un proyecto turístico.
Hoy por hoy, el tren ha superado los dos millones de pasajeros desde su apertura, con destinos como Cancún, Mérida, Playa del Carmen, Valladolid y Palenque acumulando la mayoría del tráfico.
La ruta del tren maya: estaciones y destinos principales
El circuito completo recorre 1,554 kilómetros a través de 34 estaciones. La ruta no es una línea recta: es un lazo que rodea la Península de Yucatán, permitiendo viajar tanto en sentido horario como en contra de las agujas del reloj. Estas son las paradas más relevantes desde el punto de vista turístico:
Palenque (Chiapas)
Es la puerta de entrada occidental al tren. Aquí se encuentra la zona arqueológica de Palenque, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987. Las ruinas son de las más impresionantes que puedes ver en el país: templos mayas emergiendo entre la selva chiapaneca, con un gran nivel de conservación. El pueblo mágico tiene buen ambiente, mercado artesanal y algo del caos amable que suele acompañar a los destinos con mucho movimiento turístico. Yo cogí el tren aquí rumbo a Mérida y el andén tiene mucho ambiente: la gente cargando maletas, el calor pegando fuerte a 35 grados y el tren esperando con una pinta bastante más moderna de lo que uno se imagina.
Campeche
Una de las ciudades más bonitas de todo el recorrido. El centro histórico amurallado es Patrimonio de la Humanidad y tiene una paleta de colores pasteles que engancha desde la primera caminata. La gastronomía es excelente: el pan de cazón y los camarones frescos del Golfo están entre lo mejor que puedes comer en el trayecto.
Edzná (Campeche)
Una zona arqueológica que muchos turistas pasan por alto, pero que vale mucho la pena. El Gran Acrópolis y el Castillo de los Cinco Pisos son estructuras imponentes del periodo Preclásico Maya. Al estar fuera del circuito habitual de Chichén Itzá y Tulum, se puede visitar con más tranquilidad.
Mérida (Yucatán)
La Ciudad Blanca y uno de los destinos más completos de la ruta. La estación se llama Mérida Teya y está en las afueras, no en el centro, así que cuenta con coger un taxi o un Uber para llegar al centro. Es un detalle que no siempre aparece bien explicado y que conviene tener presente desde el principio para no llevarte la sorpresa del gasto extra al llegar. Aún así, vale la pena el esfuerzo. Mérida tiene una vida cultural y gastronómica que supera con creces a muchas capitales del país. Aquí puedes visitar cenotes cercanos, haciendas henequeneras, el paseo del Montejo o el mercado Lucas de Gálvez. Es una ciudad en la que necesitarás varios días para conocerla a fondo.
Chichén Itzá (Yucatán)
La estación del tren queda a varios kilómetros de la zona arqueológica, así que necesitas un transporte adicional para llegar. Aun así, el acceso es mucho más cómodo que en autobús desde Cancún. Chichén Itzá es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno y tiene ese efecto extraño de ser tanto masificada como impresionante al mismo tiempo.
Valladolid (Yucatán)
Un pueblo colonial que muchos viajeros descubren gracias al tren. Tiene un ambiente más tranquilo que Mérida, una plaza central muy fotogénica y el Cenote Zací en pleno centro urbano. Además, Valladolid está a pocos kilómetros del cenote Ik Kil, uno de los más conocidos de la península.
Cancún y Playa del Carmen (Quintana Roo)
Los extremos turísticos del circuito. El tren conecta el aeropuerto de Cancún con la ciudad y continúa hacia el sur por la Riviera Maya. Para quienes llegan en vuelo internacional y quieren hacer la ruta sin coche de alquiler, esto es una opción excelente. La estación de Playa del Carmen está bien posicionada para acceder al ferry a Cozumel o seguir hacia Tulum por tierra.
Tulum (Quintana Roo)
Aunque el tren conecta con la zona, la estación está bastante alejada del centro de Tulum y de las ruinas. Igual que en otras paradas, hay que contar con transporte local al llegar.
Otras estaciones
El circuito incluye también Boca del Cerro y Tenosique en Tabasco, Escárcega y Candelaria en Campeche, y varios paraderos más pequeños a lo largo de la ruta. Algunos tienen interés arqueológico o natural, aunque la mayoría de los viajeros los usan como puntos de conexión más que como destinos en sí mismos.

Clases de servicio y precios de los boletos
El Tren Maya tiene dos clases de servicio operativas en la actualidad:
Clase turista: La opción más económica. Asientos cómodos, aire acondicionado, acceso a cafetería. Es perfectamente válida para la mayoría de los trayectos y la que yo tomé de Palenque a Mérida. El asiento es muy cómodo, así que no llegarás con la espalda hecha trizas como suele pasar en el ADO en rutas largas.
Clase premier: Asientos más amplios. En teoría incluía catering, aunque este servicio fue retirado sin que se actualizara la web oficial, lo que ha generado bastantes quejas de viajeros que lo compraron pensando que incluía comida. Antes de comprar un billete en clase premier, te recomendamos que compruebes bien qué incluye en ese momento.
Hay cafetería a bordo en ambas clases, aunque la comida es mediocre y bastante cara para lo que es. Para trayectos largos, mejor que lleves algo de comida. Y lleva una sudadera aunque en el andén estés sudando a 35 grados, porque el aire acondicionado va tan fuerte que en pleno Yucatán terminé agradeciendo tenerla encima.
Los precios varían según la categoría del pasajero y la distancia del trayecto. El sistema distingue entre:
- Turista local: Residentes de los cinco estados de la ruta (Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo). Necesitan presentar INE de alguno de esos estados.
- Turista nacional: Ciudadanos mexicanos de otros estados.
- Turista internacional: Visitantes extranjeros. Es la tarifa más alta.
- Turista especial: Mayores de 60 años con credencial INAPAM, personas con discapacidad, estudiantes y docentes con credencial vigente.
A modo orientativo, los trayectos cortos pueden rondar entre 100 y 420 pesos mexicanos, mientras que los recorridos largos como Palenque–Cancún alcanzan entre 1,000 y 4,500 pesos según clase y categoría de pasajero. Los precios cambian con frecuencia, así que lo más recomendable es consultar directamente en el portal oficial de venta.
Importante: no existe opción de ida y vuelta. Hay que comprar los boletos por separado en cada sentido.
Cómo funciona la liberación de boletos
Este es uno de los puntos que más confunden a quien planea un viaje en el Tren Maya y conviene entenderlo bien antes de intentar organizar la logística. A mí me resultó bastante frustrante cuando empecé a buscar: entras al portal con la fecha en mente y no hay nada disponible, sin que quede muy claro cuándo van a aparecer.
El sistema de venta funciona mediante liberaciones periódicas: los boletos no están disponibles con meses de antelación como en otros ferrocarriles. Se publican en tandas, con un margen relativamente corto antes de la fecha de viaje. Esto significa que si intentas comprar con varios meses de adelanto, lo más probable es que no encuentres nada todavía.
Las liberaciones suelen hacerse disponibles con pocas semanas de anticipación, dependiendo de la ruta. El proceso es el siguiente:
- Entras al portal oficial y seleccionas origen, destino y fecha.
- Si hay boletos disponibles, puedes elegir clase y asiento.
- El pago se hace en línea con tarjeta, aunque también puedes comprar de forma presencial en las propias estaciones o en puntos autorizados en algunas ciudades.
El problema práctico es que las salidas son limitadas por destino. No hay varios trenes al día como en sistemas ferroviarios europeos: en muchas rutas hay solo una o dos opciones de horario. Eso implica que, si no vigilas la liberación y te quedas sin boleto, la espera hasta el siguiente tren puede ser muy larga. Para tramos populares como Cancún–Mérida o Palenque–Mérida, conviene revisar el portal en cuanto tengas clara la fecha del viaje.
Una vez comprado, el boleto se descarga en formato digital. En la estación hay control de acceso y revisión de identificación, así que lleva el documento con el que compraste el ticket.
Un proyecto con dos caras: lo que el gobierno prometió y lo que pasó
El Tren Maya es el megaproyecto de infraestructura más caro en la historia reciente de México. El presupuesto original aprobado era de alrededor de 156.000 millones de pesos. El costo final ha escalado a más de 550.000 millones, más del triple de lo estimado. Un sobrecosto que, dependiendo de la fuente, supera entre el 70% y el 171% del presupuesto ajustado. Ninguna de esas cifras es menor.
Y sin embargo, hay dos millones de pasajeros y una infraestructura que existe y funciona en una región que históricamente nunca ha tenido transporte digno.
Además, hay críticos que mencionan posibles daños al patrimonio histórico y natural durante las obras. Críticas que no quedan nada claras debido a la poca transparencia durante el proyecto.
Lo que funciona
El tren maya ha mejorado considerablemente la conectividad de la región. Antes, moverse entre Palenque, Campeche, Mérida, Valladolid y Cancún requería o alquilar coche o encadenar autobuses con trasbordos. Ahora hay una opción de transporte cómoda, moderna y directa. Yo hice el trayecto Palenque–Mérida en unas ocho horas, algo que antes era imposible en transporte público. El tren es nuevo, silencioso y sin el traqueteo que te destroza la espalda en los autobuses de larga distancia. Puedes levantarte, caminar por el vagón e ir al baño cómodamente. El viaje se pasó sin que me diera cuenta del tiempo. Para hacer Palenque, Campeche y Mérida en un solo viaje sin volantazos en carretera, no hay nada mejor en México ahora mismo.
Además, las obras han impulsado uno de los rescates arqueológicos más grandes de la historia de México. El INAH trabajó tramo por tramo y encontró miles de estructuras, monumentos y piezas prehispánicas a lo largo del recorrido. Solo en el Tramo 2, de 235 kilómetros, se identificaron más de 1,000 monumentos arqueológicos. Es la paradoja del proyecto: destruir para descubrir.
Lo que inquieta
La lista de problemas documentados es extensa e ignorarla sería hacer periodismo de folleto turístico.
El impacto ambiental es el más grave y el más difícil de revertir. La construcción atraviesa 20 áreas naturales protegidas en el segundo bosque tropical más grande de América Latina, la Selva Maya. Se estima que entre 7 y 10 millones de árboles fueron talados durante las obras, a pesar de que el gobierno prometió que no se talaría ninguno. El Tramo 5, entre Cancún y Tulum, ha sido especialmente destructivo: los pilotes de acero y concreto que sostienen el tren en esa zona kárstica han perforado directamente cuevas y cenotes. Se han registrado derrames de cemento y filtraciones de diésel que contaminaron acuíferos. Los expertos advierten que ese daño es irreversible y que afecta la única fuente de agua dulce de la región. Organizaciones civiles lo califican de ecocidio, y varios jueces han ordenado suspensiones de obras, aunque muchas llegaron cuando el daño ya estaba hecho.
El impacto sobre el patrimonio es la otra gran herida. La UNESCO solicitó formalmente al gobierno mexicano una evaluación ambiental estratégica, nombrando específicamente Chichén Itzá, Uxmal, Palenque, Calakmul y las reservas de Sian Ka’an entre los sitios en riesgo. En Calakmul, Patrimonio de la Humanidad, la ruta del tren fragmenta por la mitad un sitio que alberga más de 350 especies de aves y varias en peligro crítico como el jaguar, el tapir y el pecarí de labios blancos. El gobierno planea además un hotel y casino de 150 habitaciones en esa zona.
El proceso legal y político también genera muchas preguntas. Ante los obstáculos judiciales que encontraron las obras, el gobierno decretó el Tren Maya como proyecto de «seguridad nacional», lo que le permitió eludir la obligación de presentar estudios de impacto ambiental y continuar construyendo a pesar de las suspensiones. Más de 50 amparos se presentaron contra los distintos tramos. Muchos fueron favorables a los demandantes, pero llegaron cuando la excavadora ya había pasado.
La relación con las comunidades indígenas es otro capítulo conflictivo. Organizaciones de derechos humanos, la ONU y más de 300 investigadores han cuestionado que la consulta a las comunidades afectadas fue insuficiente o directamente viciada. Los beneficios económicos prometidos, en gran medida, no han llegado a las comunidades locales: los mayas no administran ni operan el tren y varias artesanas e indígenas de la zona lo perciben como algo ajeno.
La viabilidad económica sigue siendo una pregunta abierta. En el primer trimestre de 2025, el tren requería subsidios públicos equivalentes a 25 veces sus ingresos por ventas para poder funcionar. Un desequilibrio que, de no corregirse, supone una carga significativa para las arcas del Estado.
Consejos prácticos para viajar en el tren maya
- Reserva en cuanto se liberen los boletos. Revisa el portal oficial periódicamente si tienes fecha fija. Para rutas populares, los tickets desaparecen rápido.
- Las estaciones no siempre están en el centro. Cuenta siempre con un taxi o Uber para el tramo final en ciudades como Mérida, Tulum o Campeche.
- Lleva comida para trayectos largos. La cafetería existe pero es cara y mediocre. Con un par de bocadillos y agua vas mucho más cómodo.
- No olvides la sudadera. El aire acondicionado es muy potente. Vas a agradecer tener una capa aunque fuera estés a 38 grados.
- Lleva identificación. Se verifica al subir al tren y si compraste en categoría nacional o local, necesitas acreditar tu condición.
- El wifi a bordo es limitado. Descarga contenido, podcast o películas antes de subir.
- Para las zonas arqueológicas desde el tren (Chichén Itzá, Edzná, Tulum), el acceso directo desde la estación requiere transporte adicional. Infórmate antes para no llevarte sorpresas.
¿Vale la pena viajar en el tren maya?
Para recorrer la Península de Yucatán en un solo viaje, conectar Palenque, Campeche, Mérida y Cancún sin coche y sin autobuses encadenados, el Tren Maya es hoy la mejor opción que tiene México en esa región. El tren es cómodo, moderno y funciona bien. Para tramos cortos como Cancún–Playa del Carmen no vale la pena.
El paisaje, eso sí, no es que te vaya a enamorar. La selva es selva: árboles, arbustos y más árboles. Creo que ese es el error de expectativa que tiene mucha gente. Esto no es un tren panorámico de los Alpes, es transporte cómodo que conecta destinos antes inaccesibles sin coche. Quien sube buscando vistas lo va a pasar regular; quien sube buscando llegar descansado, lo va a agradecer.
Ahora bien, el contexto importa. El proyecto que lo hizo posible viene cargado de decisiones que costaron caro en términos ambientales, arqueológicos y legales. Viajar en él no equivale a avalar esas decisiones, pero tampoco tiene mucho sentido mirar hacia otro lado. Saber de dónde viene el tren que pisas forma parte de conocer México con honestidad.
Si tienes la oportunidad, súbete. Y si puedes, usa ese viaje para quedarte en los destinos intermedios que siguen siendo los más auténticos de la ruta: Campeche, Valladolid, Palenque. Los que el turismo masivo todavía no ha terminado de invadir del todo.